México sin casos de rabia humana desde hace 15 años. Pero, ¿cómo se transmite?


Existen muchas películas de ciencia ficción, principalmente de zombis que retratan la trasmisión de un virus a través de ataques, mordeduras, rasguños y lesiones de un "infectado" a la población sana, hasta llevar esto a un cuadro apocalíptico por ser incontrolable la trasmisión de dicho virus.

Otra versión, son los vampiros. Seres nocturnos que chupan sangre humana para sobrevivir. Pero, también "contagian" a sus víctimas al morder con el fin de convertirlos en una criatura sobrenatural. Muchas de esas conocidas escenas de terror están basadas sobre un virus que es real y mortal para el ser humano, la rabia.

La palabra rabia, proviene de "rabh" antigua raíz india que significa:  comportamiento violento.

Es un padecimiento registrado desde la antigüedad y muchas veces asociado a fuerzas sobrenaturales que ejercen influencia sobre el buen comportamiento del ser humano. También se mostraba en otras especies animales, principalmente en nuestro más antiguo acompañante, el perro. 

Los interesados en estas conductas violentas observaron que se presentaban con mayor frecuencia en la época de calor, que se le conoce como canícula. 

Hipócrates de Cos, cinco siglos antes de la era cristiana, describió la rabia como, el delirio que sufren las personas por beber agua, asociada al miedo, temblor, parálisis y convulsiones.

Este temible virus, se expresa de diferentes maneras en las especies animales domesticadas y silvestres. Algunas son más resistentes y no todas se enferman o son focos de infección.

La manera más común de propagar el virus es por mordeduras o contacto directo con las mucosas, heridas o con la saliva del animal infectado. Por lo que se le considera una zoonosis -enfermedad infecciosa- que pasa de un animal al ser humano. En la medida que, el virus avanza por el sistema nervioso central, se produce una inflamación del cerebro o encefalomielitis que acaba produciendo la muerte. 

La epidemiología de la rabia es tipificada como urbana. Se propaga principalmente por perros y gatos domésticos y se manifiesta de manera furiosa o paralítica.

En el primer caso, el infectado presenta hiperactividad, excitación, hidrofobia y en algunos caso aerofobia. La muerte se presenta a los pocos días por paro cardiorespiratorio.

En el segundo caso, los músculos se van paralizando gradualmente. Desde el punto de la mordedura o lesión hacia el resto del cuerpo. El afectado entra en coma y fallece al poco tiempo. 

El otro tipo de epidemiología se le denomina selvática o derriengue. Su orígen se debe a la mordedura de murciélagos infectados y otras especies de animales como mapaches, zorrillos, coyotes, lobos, zorros entre otros.  En México y Estados Unidos, los casos que se han registrado se deben a los murciélagos hematófagos, es decir, a los que se alimentan de sangre. Sus principales víctimas son el ganado.

Sin duda, el problema de la rabia es una prioridad para la salud pública.  De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada año mueren cerca de 60,000 personas principalmente en el continente Asiático y Africano, debido a que carecen de un adecuado control antirrábico. 

Se ha mostrado que con las estrategias adecuadas en el ámbito urbano, la rabia puede ser controlada y prácticamente eliminada, con campañas de vacunación animal, disponibilidad de suero antirrábico humano y la vacuna pos-exposición.

En el año 2020, se registraron 12 casos de rabia en el continente Americano. De los cuales, 10 se transmitieron por animales silvestres; sólo 2 casos en Bolivia, a causa de la mordedura de perro.

Algo que sin duda nos debe de llenar de orgullo es que nuestro país ha alcanzado sus primeros 15 años sin registrar la transmisión de rabia por mordedura de perro. Somos el primer país reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en erradicar la rabia humana, por lo que deja de ser un problema de salud pública. De acuerdo con la Secretaría de Salud en 2020 solo se identificó un caso de rabia asociada al virus silvestre. Estos resultados, sin duda, se deben a una buena planificación y diseño de las campañas de vacunación antirrábica para las mascotas que tenemos en casa. En 10 años se han aplicado 194 millones 600 mil dosis. 

Esta gran labor inicia desde 1888 con el reconocido Dr. Eduardo Liceaga. En ese momento era presidente del Consejo Superior de Salubridad, quien aprendió de Louis Pasteur la fórmula de la preparación de la vacuna antirrábica y da inicio a esta gran labor.

El lema para este año es Rabia: hechos, no miedo. Muestra de ello son estos resultados y el reconocimiento, que se deben a más de un siglo de esfuerzo y trabajo.  Pero no se debe bajar la guardia ante un fenómeno que hace años causaba sin duda mucho temor por los terribles síntomas y finaliza con la muerte y dio origen a una línea muy rentable en la filmografía actual. 

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